Cómo elegir qué IA usar para cada cosa
La pregunta “¿cuál es la mejor IA?” no tiene respuesta útil, y ya lo contamos en otro artículo. Pero la pregunta que sí importa —cuál uso para esto que tengo delante— sí se puede responder, y no hace falta seguir el ranking de cada mes.
La clave es dejar de pensar en marcas y empezar a pensar en tipos de tarea.
Cuatro tipos de tarea y qué pide cada uno
Tareas con una respuesta correcta. Un dato, un cálculo, una traducción, cómo se escribe algo. Aquí lo que importa es que no se lo invente. Cualquiera de las grandes sirve, y lo que decide no es cuál eliges sino que compruebes si el dato es verificable.
Tareas de creación. Un texto, un guion, un nombre, una estructura. No hay respuesta correcta, hay opciones. Aquí lo útil no es elegir bien: es ver dos o tres versiones distintas y quedarte con trozos de cada una. Elegir una sola herramienta es justamente lo que te quita el valor.
Tareas de razonamiento. Una decisión con condiciones, un análisis, un problema con varias variables. Aquí sí hay diferencias reales entre modelos, y también aquí es donde más peligroso es fiarse de uno solo: una cadena de razonamiento larga y equivocada suena igual de bien que una correcta.
Tareas con documentos. Un contrato, un informe, unos pliegos. Lo que decide aquí no es la inteligencia del modelo sino si de verdad ha leído el archivo — y eso varía muchísimo entre unos y otros, incluso entre los que dicen aceptarlo. Lo medimos y lo contamos en qué le pasa a un PDF cuando se lo das a una IA.
La regla que te ahorra estar al día
En vez de mantener una tabla de qué modelo es mejor este mes, usa este criterio:
Si la respuesta se puede comprobar, da igual quién la dé. Si no se puede comprobar, no te fíes de una sola.
Un dato de una ley lo verificas en el BOE y te da igual qué IA te lo dijo. Un consejo sobre si aceptar una oferta de trabajo no lo puedes verificar en ningún sitio — y por eso una sola opinión, por buena que sea la marca, te deja igual de solo que antes.
Los errores al elegir
Elegir por la última comparativa que leíste. Los rankings cambian cada pocos meses y casi siempre miden cosas que no son tu tarea.
Usar siempre la misma por costumbre. Es cómodo y es como acabas sin saber que otra lo hacía mejor para lo tuyo.
Elegir por precio en decisiones caras. Ahorrarte céntimos en la consulta que decide un contrato de tres años es una economía extraña.
Preguntarle a la propia IA cuál es mejor. Lo hará con entusiasmo y no tiene forma de saberlo.
La alternativa: no elegir
Hay un caso donde la respuesta correcta es no elegir ninguna: cuando la decisión importa y no se puede verificar.
Ahí lo que aporta valor no es acertar con la herramienta, sino ver varias respuestas independientes y mirar en qué coinciden y en qué no. El acuerdo entre fuentes que no se han hablado dice algo que ninguna dice de sí misma; la discrepancia te avisa de que tu caso tiene un matiz.
Es exactamente para eso que existe The Judge: no eliges modelo, se convoca a varios y un juez fijo compara por el fondo y te da un nivel de confianza. Para lo que se puede comprobar, sigue usando la que tengas a mano — ahí no hace falta nada más.
En una línea
No busques la mejor IA. Mira qué tipo de tarea tienes y pregúntate si la respuesta se puede comprobar.
Con eso decides bien el 90% de las veces, y no tienes que leerte ninguna comparativa más.