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¿Qué pasa con lo que le cuentas a una IA?

Hay una contradicción incómoda en usar una IA para decidir cosas importantes: para que te responda bien, tienes que contarle tu situación. Cuánto ganas. Qué te ofrecen. Con quién tienes el problema. Qué te preocupa y no le has contado a nadie.

Cuanto más concreto seas, mejor es la respuesta. Y cuanto más concreto seas, más estás soltando por ahí. Mucha gente resuelve esa tensión escribiendo preguntas vagas, y recibiendo respuestas igual de vagas.

Merece la pena saber qué pasa de verdad con eso.

Qué suele ocurrir con lo que escribes

Varía mucho de un servicio a otro, y cambia con el tiempo, así que lo que sigue son las categorías, no una tabla comparativa que envejecería en un mes.

Se guarda, casi siempre. Por defecto, la mayoría de servicios conservan tus conversaciones en tu cuenta. Es cómodo —puedes volver a ellas— pero significa que existen en algún sitio asociadas a tu identidad.

Puede usarse para entrenar. Varios servicios usan las conversaciones de las cuentas gratuitas para mejorar sus sistemas. Suele haber un ajuste para desactivarlo, y suele venir activado. Merece un vistazo.

Alguien puede leerlo. Casi todos se reservan la posibilidad de que un humano revise conversaciones, normalmente por seguridad o calidad. Es una práctica legítima; conviene saber que existe.

Se borra más tarde de lo que crees. Borrar una conversación de la pantalla no siempre significa que desaparezca a la vez de todos los sistemas. Los plazos reales están en la política de privacidad, y suelen medirse en días o meses.

Nada de esto es escandaloso ni tiene mala intención. Pero es distinto de lo que mucha gente se imagina cuando escribe algo personal en un cuadro de texto.

Dónde importa de verdad

No todo lo que preguntas necesita protección. La lista de la compra da igual. La línea, en la práctica, está donde el dato te identifica o te haría daño si saliera:

  • Tu sueldo, tus ahorros, tus deudas.
  • Una oferta de trabajo antes de aceptarla, o que estás buscando.
  • Conflictos con tu empresa, tu socio, tu casero, tu familia.
  • Documentos con datos de otras personas — sí, subir un contrato o un Excel de nóminas cuenta.
  • Cualquier cosa que no querrías al lado de tu nombre.

Ese último criterio es el más práctico de todos: ¿te importaría que esto apareciera junto a tu nombre? Si la respuesta es sí, mírate qué hace el servicio antes de pegarlo.

Cómo comprobarlo tú mismo

Sin leerte veinte páginas de condiciones. Tres cosas, y en cinco minutos sabes con qué estás tratando:

1. Busca el ajuste de entrenamiento. Suele estar en Configuración → Datos, o similar. Mira si tus conversaciones se usan para mejorar el servicio y decídelo tú.

2. Busca «retención» o «conservación» en la política de privacidad. Es la palabra que te lleva al plazo real. Si no encuentras un plazo concreto, ya sabes algo.

3. Mira si hay historial y si puedes borrarlo. Que exista un botón de borrar de verdad —y no solo de ocultar— dice bastante del diseño del sistema.

Nuestra postura: no guardarlo

En The Judge la decisión de diseño es que, por defecto, no guardamos ni tu consulta ni el veredicto. Se procesan para darte la respuesta y no se conservan después. Nadie —tampoco nosotros— puede saber qué preguntaste, porque no queda nada que mirar.

Sí existe un historial, pero lo activas tú y viene apagado de fábrica. Si lo enciendes, tus consultas y veredictos se guardan en tu cuenta para que puedas volver a ellos, y puedes borrarlos —uno a uno o todos— cuando quieras. Nos pareció más honesto darte el interruptor que decidir por ti: hay gente que quiere poder releer un veredicto de hace tres semanas y hay gente que prefiere que no exista.

Lo que no cambia en ninguno de los dos casos: nunca usamos tus consultas para entrenar nada.

Está detallado en nuestra política de privacidad, escrita para leerse.

Un apunte sobre documentos

Cuando adjuntas un PDF, un Excel o un Word, sueles estar compartiendo bastante más de lo que crees: un contrato lleva nombres y DNI, una nómina lleva datos de tu empresa, una hoja de cálculo puede llevar pestañas que ni recuerdas.

Si el documento tiene datos de otras personas, la decisión ya no es solo tuya. Merece un segundo de pensarlo antes de arrastrarlo.

En resumen

No hace falta volverse paranoico. Hace falta saber tres cosas: qué se guarda, cuánto tiempo, y si se usa para entrenar. Con eso decides tú qué cuentas y dónde.

Y si vas a preguntar algo que no le contarías a un desconocido, elige un sitio donde no quede escrito.

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