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¿Autónomo o nómina? Lo que cambia de verdad

La oferta suele llegar así: “te pagamos lo mismo pero facturando”. O mejor: “te pagamos más, pero facturas tú”. Y el número suena bien, porque el bruto de un autónomo siempre suena mejor que una nómina.

La comparación honesta no es entre los dos números. Es entre lo que te queda y lo que dejas de tener.

Lo que se lleva por delante el número bonito

De lo que facturas hay que descontar, antes de nada:

La cuota de autónomos, que hoy va por tramos según lo que ganes. Todos los meses, factures o no.

El IRPF, que en nómina te lo retienen y ni lo miras, y como autónomo te toca provisionarlo tú. El error clásico: gastarte el dinero del trimestre y encontrarte con la declaración.

El IVA, que no es tuyo aunque pase por tu cuenta. Lo cobras, lo guardas y lo entregas. Cuidado con contarlo como ingreso: es de los errores que más sustos dan el primer año.

La gestoría, si no quieres hacerlo tú.

Cuando restas todo eso, la diferencia entre “1.800 € de nómina” y “2.400 € facturando” es mucho menor de lo que parecía. A veces es cero. A veces es negativa.

Lo que dejas de tener, y no aparece en ninguna cuenta

Esto es lo que casi nadie pone en la tabla, y pesa más que los impuestos:

  • Paro. El cese de actividad del autónomo existe, pero no es lo mismo ni en requisitos ni en cuantía.
  • Vacaciones pagadas. Un mes sin facturar es un mes sin cobrar.
  • Bajas. Enfermar tiene un coste directo para ti.
  • Indemnización. Un contrato mercantil se termina con un aviso, no con un despido.
  • Antigüedad, formación, y todo lo que se acumula en una relación laboral.

Puestos en dinero, esos conceptos valen bastante más que la diferencia de bruto de casi todas las ofertas.

Si vas a facturar a un solo cliente, en su horario, con sus herramientas y bajo sus instrucciones, eso tiene un nombre y no es “autónomo”: es una relación laboral encubierta, y el problema no es tuyo solo — pero las consecuencias te alcanzan.

No es un detalle técnico. Es la diferencia entre ser autónomo y ser un trabajador al que le han quitado los derechos manteniendo las obligaciones. Si tu caso se parece a eso, esto ya es una consulta para un laboralista o para el sindicato, no para internet.

Cuándo sí compensa

Hay casos donde ser autónomo es claramente mejor, y no van de dinero:

  • Varios clientes. Ahí la independencia es real y el riesgo se reparte.
  • Puedes escalar lo que cobras. En nómina tu techo lo pone el convenio o tu jefe; facturando, lo pones tú y tu agenda.
  • Valoras el control de tu tiempo por encima de la estabilidad, y tienes colchón para aguantar un trimestre flojo.

Fíjate en que ninguno es “me ofrecen 300 € más”.

Las cuentas que sí hay que hacer

  1. Coge la oferta de facturación y resta cuota, IRPF estimado y gestoría. Ese es tu neto real.
  2. Compáralo con el neto de la nómina, no con el bruto.
  3. Súmale a la nómina el valor de las vacaciones, el paro y la indemnización. Aunque sea a ojo.
  4. Y pregúntate cuántos meses aguantas si ese cliente desaparece de un mes para otro.

Qué aporta preguntárselo a una IA

Los números fríos, sin entusiasmo: dale las dos cifras y que te haga las dos columnas. Y sobre todo, la pregunta que a ti no se te ocurre en caliente: “¿qué no estoy teniendo en cuenta?”.

Ahora bien, ojo con las cifras concretas de cuotas y tramos: cambian cada año y es justo el tipo de dato que una IA da con seguridad estando desactualizada. Contrasta esos números en la fuente oficial antes de decidir con ellos.

Aquí es donde ver varias respuestas a la vez vale de verdad: si coinciden en el planteamiento pero discrepan en las cifras, ya sabes cuál de las dos partes te puedes creer. Es lo que hace The Judge — varias IAs responden por separado y un juez fijo te dice en qué coinciden y en qué no, con su nivel de confianza.

En una línea

No compares brutos. Compara neto contra neto, y súmale a la nómina lo que solo se echa de menos cuando te hace falta.